20 de mayo de 2024

Actualizado

Junts tiene siete delegados en el Congreso. Y estos escaños son cruciales en la gobernabilidad de Pedro Sánchez, porque los necesita para sacar adelante cualquier medida en el Congreso. Por ello, cada movimiento o decisión de Carles Puigdemont es estudiado y analizado por el impacto que puede tener en la legislatura. El líder de Junts, que quedó segundo el 12-M, a siete escaños del socialista Salvador Illa, reivindica su derecho a liderar un Gobierno independentista con ERC y la CUP, con la abstención del PSC. Y está reclamando su derecho al poner a Pedro Sánchez en el espejo después de las elecciones generales de julio. Pero el Gobierno intenta quitarle crédito y fuerza a la retórica de Puigdemont. Sólo piensan, al menos hoy, en un Govern catalán presidido por Salvador Illa.

«Hay cuestiones que no importan. Nadie las compra. Los catalanes han hablado con rotundidad». Así valora La Moncloa el planteamiento de Puigdemont, a cargo de Pilar Alegra, la portavoz del Gobierno. Respetan su presentación, su aspiración, pero soplan para derribar ese castillo de naipes con el convencimiento de que ese portazo no supondrá que Junts se subleve en Madrid y ponga en jaque la gobernabilidad. En La Moncloa está instalada la creencia de que «habrá gobierno en Cataluña», no quieren pensar en una repetición electoral -eso significará que ERC dejará gobernar a los socialistas- y que estará liderado por Salvador Illa.

Hay coordinación en los mensajes que lanzan el PSC, el PSOE y el Gobierno horas después del cierre de las urnas. No se plantean hacer presidente a Puigdemont. Ésa es la máxima que sin duda repiten, al menos en este momento. «Las catalanas hablaron este domingo y lo hicieron con la mayor claridad. Transmitieron un mensaje rotundo», afirmó Pilar Alegra. «Hay un partido que ha ganado. No hay que especular. El Govern decide en Cataluña», afirman fuentes gubernamentales.

«Hay que atender al mensaje de los catalanes que piden abrir un nuevo tiempo, una nueva etapa», añadió Alegra. Y este «nuevo tiempo» se produce porque la Generalitat está dirigida por el líder de un partido no nacionalista.

Pero la situación en la que quedó Puigdemont -dijo que dejaría la política si no gobernaba- y la reacción de ERC tras su debacle -cayó 13 escaños- dejan un futuro incierto para el legislador. A ver cómo se comportarán en Madrid, qué consecuencias puede tener. Si suben el precio de su apoyo, si lo retiran de plano, si todo sigue igual, si, como cree el Gobierno, las elecciones van por un lado y la legislatura por otro…

La estrategia de La Moncloa pasa por transmitir un mensaje de tranquilidad y de que no hay nada en juego. Un «La vida sigue igual». «A esta legislatura le quedan más de tres años», proclama el Gobierno. «No tenemos ninguna duda de que habrá gobierno en Cataluña, de que se atenderá la petición de abrir una nueva etapa y de que a esta legislatura le quedan al menos tres años», insistió Alegra.

En cualquier caso, el Gobierno y el PSOE creen que ahora hay un periodo de espera hasta que finalicen las elecciones europeas del 9 de junio. Es hora de que cada partido digiera los resultados, resuelva los debates internos y establezca un liderazgo. Es por ello que a corto plazo el Ejecutivo no se plantea reunirse con las mesas de diálogo a las que están vinculados con Junts y ERC. Espacios de diálogo con un mediador internacional y donde, en el caso de Junts, acude el propio Puigdemont, por lo que se celebran fuera de España. En La Moncloa quieren esperar a ver cómo salen los independientes de estos procesos, quiénes son los líderes y a partir de ahí, «sabiendo quién manda», pueden seguir.

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