30 de mayo de 2024

Actualizado

La memoria, llena de recuerdos exitosos, niega que exista una Rafael Nadal así, perdido, errático, amenazado en la primera ronda de un torneo en tierra batida ante un rival fuera del Top 100 de la ATP, pero había uno. Ya vivió el sufrimiento que sufrió este jueves. Hace años todo eran episodios más ligeros, anecdóticos, pero incluso en su mejor momento, Nadal tuvo algunos malos debuts que fueron olvidados con el paso de los días y los partidos. Esta vez, en su debut en el Masters 1000 de Roma, malas y buenas noticias: los fallos realmente le pusieron contra las cuerdas y al mismo tiempo tuvo capacidad para levantarse y sobrevivir.

Contra el belga Zizou Bergs Se impuso por 4-6, 6-3, 6-4 en una dura remontada que le obligó a jugar casi tres horas: dos horas y 47 minutos. Por fin estar en la siguiente ronda, por delante. Hubert Hurkacz, noveno d, y lo hará con la lección aprendida. Su físico mejora cada semana, es más rápido que en Barcelona o Madrid, pero eso ya no le permite ganar tranquilamente.

El competidor tampoco ayudó. A diferencia de sus primeros partidos en el God o el Mutua Madrid Open, cuando se encontró con jóvenes temblando con la bandera blanca en la mano, en Roma Nadal se topó con un tenista profesional que quería disfrutar del momento. Bergs, de 24 años y habitual del circuito Challenger, supo interpretar el escenario. En la pista central del Foro Itlico, frente a una leyenda, no tenía absolutamente nada que perder, así que… ¿Por qué no jugar un rato?

Su derecha lastimó a Nadal, además de su confianza, y en el primer set parecía que iba camino de la victoria. Su forma de remontar un descalabro inicial -de 3-1 a 4-6- sorprendió a todos los presentes y obligó al público italiano a centrarse en levantar el ánimo del español. Sin Juan pecador y Carlos Alcaraz, su eliminación habría sido un drama para el torneo. Pero para alivio de todos, algo cambió.

La reacción de Nadal

En el primer juego del segundo set, Nadal miró hacia las gradas y alertó al juez de silla: «¡Ahí, ahí, una ambulancia!». Un espectador acaba de sufrir un golpe de calor. Y a partir de ahí el juego fue diferente. Durante la parada de los médicos para atender al aficionado -que se recuperó sin problemas-, Nadal estuvo ocupado analizando sus problemas con su entrenador. Carlos Moyy tras la reanudación era un jugador diferente.

De un primer periodo desastroso, con sólo tres ganadores y 16 errores no forzados, pasó a un tenis más sólido y eficaz. Tampoco brilló, pero su habilidad fue suficiente para llevarse la victoria. De hecho, en el tercer set vivió varios partidos en el alambre, con tres puntos de quiebre en su contra, y supo salvarse. Bergs, que ya se había divertido antes, empezó a amargarse y acabó rompiendo una raqueta, mala señal. También una lección para Nadal de cara al muy igualado Roland Garros. Antes podía permitirse partidos sin votación, sobre todo al inicio de los torneos, pero ahora tiene que acertar desde el primer partido.

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