20 de mayo de 2024

Nostalgia quinqui: «Rosala y C. Tangana no desentonaran en una pelcula quinqui»

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En un barranco del macizo del Garraf, tras una curva cerrada con vistas al Mediterrneo, asoma el esqueleto de un coche carcomido por el xido. Lleva ah casi medio siglo y es un vestigio del cine quinqui: el Citron Tiburn DS que El Torete conduca en el final de infarto de Perros callejeros (1977), cuando perseguido por la polica se precipita al vaco en una secuencia ultrarrealista (que lo fue). Aunque ya no queda nada de su color blanco y no resulta fcil bajar hasta ah, los restos del coche se han convertido en lugar de peregrinacin para cinfilos y curiosos, algo as como la piedra fundacional del cine quinqui. Ese chasis que es pura chatarra se impone como metfora perfecta de lo que fue el efmero gnero quinqui: apenas dur una dcada pero encumbr a los delincuentes adolescentes como antihroes en una Espaa que dejaba atrs 40 aos de dictadura.

Secuencia de 'Perros callejeros' en la que El Torete se precipita por un barranco.

Secuencia de ‘Perros callejeros’ en la que El Torete se precipita por un barranco.

El fenmeno quinqui es 100% autctono por las especficas circunstancias polticas y sociales de la Transicin, pero tambin por ese carcter de ladronzuelo-pcaro tan ibrico, tan del Lazarillo de Tormes, salvo que con coches a todo gas, tiroteos y atracos. Lingsticamente, quinqui viene de quincallero. No hay equivalencia posible en otro idioma: en la Berlinale, the quinqui film genre fue traducido por un genrico delinquency cinema. Fue en el Festival de Cine de 1981, en un Berln an dividido por el muro, cuando Deprisa, deprisa de Carlos Saura se alz como la primera pelcula espaola en ganar un Oso de Oro por las andanzas de una banda de delincuentes en el extrarradio de Madrid. El pasado febrero, la Berlinale rindi homenaje a Saura y recuper el film remasterizado en su seccin de Clsicos, junto al Godzilla de Ishiro Honda (el de 1954, en blanco y negro) o Sacrificio, la ltima obra que Andrei Tarkovsky dirigi en 1986, antes de morir.

En paralelo al homenaje de la Berlinale, la Acadmia del Cinema Catal lanza una ruta virtual por los principales escenarios de las pelculas quinquis y, lo ms importante, lo recupera como memoria y patrimonio cinematogrfico. Y cataln. Algo muy significativo en un cine eminentemente en castellano, cuyos protagonistas solan ser aquellos charnegos, hijos de los emigrantes de otras regiones de Espaa, principalmente Andaluca, Murcia y Extremadura. El quinqui era una alteridad radical de clase que atacaba los cimientos sociales y morales del nuevo estado. Su historia no puede desligarse de un origen concreto, explica Alba Sol, doctora en Filosofa y autora de la tesis Campesinos, punks y charnegos. Luchas autnomas por la descolonizacin del pasado y del territorio en las periferias urbanas de Barcelona (1970-1992). Ese origen tiene que ver con el proceso de modernizacin urbana del franquismo: el desarrollismo. Con el giro tecncrata y la industrializacin, el campo espaol fue vaciado: la dispora rural llev a ms de seis millones de campesinas y campesinos a abandonar sus pueblos entre los aos 50 y los 70, aade Sol.

'Perros callejeros' (1977) de Jos

‘Perros callejeros’ (1977) de Jos Antonio de la Loma. En la imagen: los carros y los bloques de Bellvitge.

Descampados transformados en poblados, bloques de hormign en medio de un erial, barracas autoconstruidas en los mrgenes de la ciudad… Esos eran los escenarios de las pelculas quinquis, que Juan Mars ya describi en su totmica novela ltimas tardes con Teresa (1966):La madre de Teresa Serrat [hija de la burguesa] crea que el Monte Carmelo era algo as como el Congo, un pas remoto e infrahumano con sus leyes propias, distintas. Y ah vive Manolo, al que todos llaman el Pijoaparte, un murciano que, al llegar a Barcelona, se instala en la barraca de su hermano mayor, aunque se pasa el da en el Bar Delicias, robando y revendiendo motos. En realidad, es un prequinqui. No tiene conciencia de delincuente, l lo que quiere es salir del barrio, apunta la crtica de cine Nuria Vidal, autora de la ruta quinqui de la Acadmia, que arranca simblicamente en ese Carmel, antecedente literario de Mars.

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En ‘ltimas tardes con Teresa’ (1984) Gonzalo Herralde adapta la novela de Juan Mars. En la imagen: el Bar Delicias del Carmel

El cine quinqui dura muy poco, desde 1976 hasta 1984. Es una explosin de vitalidad tras los aos de censura franquista y una denuncia de la marginacin y el abandono de los barrios de barracas y los nuevos polgonos de barraquismo vertical, seala Vidal.

Todo empieza con Perros callejeros.

El cineasta Jos Antonio de la Loma quera contar la historia de una pandilla de delincuentes de 15-16 aos, con un historial de atracos de poca monta, tirones de bolso, robos de coches, asaltos a tiendas… El Vaquilla, alias de Juan Jos Moreno Cuenca, iba a protagonizar la pelcula basada en su propia vida y las hazaas que le haban llevado al reformatorio y que copan los peridicos. De la Loma consigui una autorizacin para que saliera del centro de menores de Wad-Ras y pudiera grabar Perros callejeros. Aqu es cuando la realidad supera la ficcin: el da antes del rodaje apareci el especialista francs Rmy Julienne, que haba participado en varias pelculas de James Bond e iba a hacerse cargo de las escenas de persecuciones, pero al Vaquilla no le hizo pizca de gracia; enfadado, rob un coche para demostrar que l no necesitaba ningn experto de Hollywood y se escap perseguido por la polica de Trfico. Le detuvieron a 40 kilmetros de Barcelona y le volvieron a encerrar. No es un guion, as era la vida de los chavales: entonces El Vaquilla tena 14 aos. Las pelculas destilan un carcter casi documental, con actores no profesionales que a menudo se interpretaban a s mismos o confundan la ficcin con la realidad, seala Vidal.

Sin El Vaquilla fue su colega El Trompetilla (alias de ngel Fernndez Franco, que tena 16) quien asumi el papel protagonista del Torete. Durante los seis meses de rodaje, los delitos y robos descendieron significativamente en Barcelona, ya que todos los quinquis trabajaban de un modo u otro en la pelcula. Pero los hurtos se dispararon dentro del rodaje!, re Vidal.

Perros callejeros caus autntico furor: la pelcula ms taquillera del ao en Espaa. Todos queran ser El Torete. Pero tras su estreno y un sonado efecto llamada, los casos de delincuencia juvenil aumentaron y superaron las 17.000 detenciones. Ese tremendo xito era un arma de doble filo y esconda un lacerante drama social, alerta la investigadora Alba Sol. El cine quinqui trasladaba en la pantalla, a menudo de forma estetizada, espectacularizada y sensacionalista, una realidad aterradora: la gran cantidad de adolescentes malviviendo precariamente en las calles, desocupados, sin recursos ni escolarizacin, en edad limtrofe entre la infancia y la mayora de edad legal y penal [entonces, los 16], que utilizaban la violencia para sobrevivir; atrapados en un crculo vicioso de condenas y encierros por el Tribunal Tutelar de menores, para luego entrar definitivamente en la crcel.

Fotograma de 'Perros callejeros II' (1978), en una escena en Badalona.

Fotograma de ‘Perros callejeros II’ (1978), en una escena en Badalona.

Pero los quinquis despuntaban como los nuevos hroes, una especie de Robin Hoods del extrarradio. Polticamente, eran una lacra para la flamante democracia. Su transgresin lo haca incmodo tanto para el bienpensantismo progre como para el conservadurismo: el quinqui era un producto de las fallas evidentes de un sistema que se pretenda renovado y moderno, y agrietaba su imagen en un momento crucial para su anhelada insercin en la normalidad europea, incide Sol.

Los quinquis eran los excluidos del sistema. El cine les dio voz, aunque romantizando su figura desde diferentes perspectivas de crtica social.En este sentido, hay una diferencia radical y muy interesante entre el cine quinqui de Barcelona, representado por De la Loma, y el de Madrid, dominado por Eloy de la Iglesia. Uno los quiere redimir y el otro se pone a su lado, asegura Nuria Vidal. De la Loma era un catlico militante, que haba sido profesor en los barrios ms humildes y lleg a ser el tutor legal del Vaquilla, mientras De la Iglesia era un declarado comunista. Las pelculas de De la Loma tienen un tono social pero un tanto paternalista, hay una voluntad de redencin. Mientras que el tratamiento de De la Iglesia viene del desgarro y la rebelin, sus films son ms duros y violentos. De hecho, fue muy cuestionado por la propia izquierda, porque no se ajustaba a la famosa lucha de clases, cuenta la crtica.

Entre tiroteos y sobredosis, la lucha era por la supervivencia. El Torete muri de sida a los 31 aos. Al Vaquilla se lo llev la cirrosis a los 42, aunque desde que ingresara en la Modelo a los 16 se pasara 28 aos de su vida entrando y saliendo de diferentes crceles.

'Yo, el Vaquilla' (1985), de Jos

‘Yo, el Vaquilla’ (1985), de Jos Antonio De la Loma, en una imagen grabada en el Camp de la Bota, completamente destrozado.

Los quinquis han muerto. Los erradicaron a tiros y a picos, sentencia el cineasta Daniel Monzn, con dos Goyas como director y coguionista de Celda 211. Sin embargo, l los resucit en la reciente Las leyes de la frontera, basada en la novela homnima de Javier Cercas. El mismo mes de su estreno, en octubre de 2022, Netflix colg Yo, El Vaquilla (1985) y durante varios das se mantuvo como una de las pelculas ms vistas de la plataforma. Lo quinqui parece algo olvidado, pero la fuerza que tuvo ese gnero, que fue el equivalente de nuestro western ibrico, con la figura del bandolero adolescente, cada poco vuelve a emerger, defiende Monzn. Yva ms all:Los quinquis se han convertido en iconos populares. Hay rasgos que an perduran en la moda, la msica y la esttica, incluso cierta filosofa… La msica ms rompedora bebe de lo quinqui, mira Rosala o C. Tangana. Su imaginera visual, su estetizacin… No desentonaran en una pelcula quinqui. Aunque seguramente el protagonista sera Morad.

Daniel Monzn se crio al final de la ciudad, primero en Palma y despus en Valencia. Yen cualquier periferia de los 70-80 los quinquis eran parte del paisaje. Yo era un chico de clase media, como el Gafitas de la novela de Cercas. Vea a esos chavales, con sus andares y su seguridad, y me daban miedo pero a la vez me fascinaban. Se movan como los forajidos de leyenda y eran los reyes de los recreativos. Me atracaron ms de una vez, confiesa. Uno de ellos, El Porro (que le haba robado el reloj), acabara siendo compaero suyo en el instituto y le servira de salvoconducto en ciertos barrios de Valencia. Otro recuerdo: Un da iba al cine y tena que cruzar un descampado. De pronto, apareci una pandilla y queran robarme. Cuando les dije que era amigo del Porro no solo me ofrecieron cerveza y un canuto sino que me acompaaron hasta la puerta del cine. Haba cierta nobleza entre los quinquis, tenan sus cdigos morales.

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Saln recreativo en ‘Las leyes de la frontera’ (2022).

Daniel Monzn o el mismo Javier Cercas o cualquiera que haya vivido ese ambiente desde lejos podran ser Nacho, el Gafitas, protagonista de Las leyes de la frontera, un viaje al verano de 1978, cuando se enamor y se code con una banda de los bajos fondos de Girona. Tena muy claro que el acercamiento no poda ser manierista e imitar las pelculas de la poca con una fotografa llena de grano, al estilo de lo que hizo Tarantino en Grindhouse recreando el gnero del exploitation. Mi aproximacin es ms romntica, como el recuerdo idealizado del protagonista, en la estela de lo que hizo Coppola en Rebeldes al recuperar el cine de James Dean admite el director.

Las leyes de la frontera es puro quinqui sofisticado, un autntico tour de force de recreacin histrica:no hay nada que no sea de 1978. Fue ms complicado que recrear la Edad Media, reconoce Monzn. Pero la pelcula se llev cinco Goyas. Y como en los rodajes de De la Loma, tiene sus propias ancdotas: al llegar a Atocha, los actores noveles que vena desde Terrassa (El Guille, El Gordo y El Drcula) fueron detenidos en la estacin por sus pintas sospechosas; aunque protestaron diciendo que iban a un casting la polica llam a Monzn para corroborarlo. Entonces supe que tena a los actores adecuados. Muchos se conocan entre ellos y venan d del rap y de las peleas de gallos. Pero iban rapados y con muchos tatuajes, as que tuvimos que cambiarles el look, cuenta. Pandemia mediante, las melenas les crecieron hasta convertirlos en los quinquis de antao. Muchos jvenes de ahora desconocen el gnero quinqui, pero hay una conexin muy poderosa entre ellos y los de los 70-80. Conectan inmediatamente con las historias y las viven muy intensamente, se sienten reflejados en esa angustia existencial. En los 70, los chavales vean cmo haba llegado la fiesta de la democracia, pero no para ellos. Hoy, salvando todas las distancias, ocurre algo similar: gran parte de la juventud siente que no puede participar en la fiesta global, por muchos estudios que tenga ni siquiera puede comprarse una casa…, considera el cineasta.

Hasta que en 2009 el Centro de Cultura Contempornea de Barcelona (CCCB) no estren la exposicin Quinquis de los 80, a cargo de las hermanas Amanda y Mery Cuesta, el fenmeno no se haba analizado con rigor y con todos sus claroscuros en una institucin cultural. Fue una de las expos de ms xito del CCCB, que ya diseccionaba la fascinacin desatada que segua ejerciendo el estereotipo del quinqui. 15 aos despus esa fascinacin, teida de cierta nostalgia engaosa, contina. Por algo son nuestros antihroes.

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